viernes, 25 de noviembre de 2016

29 LOS BOTONES

Tengo muy buen olfato y no olía a lentejas, ni suavizante. Mientras se acercaba al puesto me fijé que su traje no llevaba una arruga, podía ser nuevo, o no haberse sentado nunca en la vida con él. Dijo ¡Buenos días! y le pregunté a la monja si le gustaba mi puesto. Me choca el nombre y lo que haces con botones. Su voz, igual de impoluta que su hábito, hiló una sonrisa. Me gustan los botones desde pequeña, le conté. A mí de pequeña, nos llamaban “los botones”  y yo sonreí más. ¿Por qué? No sé, pero a mi familia nos llamaban así. Teníais sedería, había modista en la familia, insistí. No, no sé porqué. Y cómo me pareció un no de” no me da la gana contártelo”   le expliqué que yo era nieta del corredor, que yo no corría nada y que era ese el mote porque el abuelo Gregorio participaba en las carreras populares de la comarca. Me dijo que Dios te acompañe o algo del Señor amén y se marchó. Sabes, yo nunca te hubiera interrumpido si me hubieras contado el origen de tu mote “botonera”